La noche apenas había caído, cuando ella se encontraba atareada en su cocina. Y de repente, empezó a sonar esa canción, SU canción. Dejo todo lo que tenía entre manos, y subió el volumen. Habían pasado más de 10 años, y recordaba cada momento como si hubiesen sido antes de ayer. Y como si una tormenta de verano se tratase, miles de recuerdos empezaron a caer en ella. Recordó a la niña, a la niña que había sido en aquellos días, en que todo y todos eran secundarios, donde su único objetivo era estar con ÉL. Recordó la cantidad de días, que habían pasado allí, en su cama, desnudos, abrazados, donde empezaban a cantar esa canción, y él la mordía, ella se hacía la enfadada, y él la besaba hasta que a ella se le escapaba una sonrisa, y volvían a cantar. Y como allí, entre sus sabanas, entre sus brazos, entre sus besos… se hizo mujer. Llora, llora por qué lo necesita, por qué quiere volver a ser esa niña, entre sus brazos, con sus miles de sueños por cumplir a su lado, y él no esta, él se fue, y sus sueños, su alegría y la niña que nunca debió perder, se fueron con él. Recuerda aquella noche, aquella noche en que ella se fue, en que forzó todo para que él volviera, para que él reaccionara, y él una vez más, por miedo o cobardía, no hizo nada. Y una voz, la saca de sus pensamientos.
- Cariño, ¿estás bien?
- Si, no te preocupes, son las cebollas.
- Ah vale vale, me habías asustado.
Se va, y sus lágrimas que por un momento había disimulado con una falsa sonrisa, vuelven a aparecer. Y se sienta mal, se siente mal por pensar en ÉL, por qué ese hombre es una buena persona, y siempre la ha cuidado… pero nunca, nunca podrá amarlo, por qué ella ya le ama a ÉL, y eso nadie puede cambiarlo. Y se pregunta si ÉL la seguirá amando, pero se siente estúpida y quita esa idea de su cabeza.
Pero ella no sabe, que en el mismo momento, alguien, a unas cuantas calles más lejos, está apunto de escuchar esa misma canción.
Él la miraba, mientras ella dormía plácidamente. Es muy guapa, que pena que no me acuerde de su nombre… pensaba él. Pone la radio, y empieza a escuchar esa melodía. La apaga corriendo, pero ya es tarde. Intenta con todas sus fuerzas, hacer como si no hubiera pasado, como si no hubiera escuchado esa maldita melodía, pero le es imposible, y vencido vuelve a poner la radio. Sonríe, sonríe al recordar la cantidad de trastadas que había llegado a hacer por aquella niña, que apareció de la nada, y le devolvió o quizás le dio una felicidad que creía inexistente. Sonríe aún más, tanto que hasta le brillan los ojos, y se da cuenta la cantidad de años que había sido incapaz de sonreír de verdad. La sin nombre se remueve, y él sale por un momento de sus pensamientos. Bueno, no ha estado mal, piensa mientras la mira, pero ella… y no puede evitar, acordarse como ella conseguía todo lo que quería de él, solo con darle el beso adecuado. Recuerda aquella vez, que se encontraron después de tanto tiempo, como ella le había comido con los ojos, y el se dejo hacer. Ni siquiera en su vocabulario “tan culto”, como decía ella, podría encontrar la palabra adecuada para describir esos momentos. Piensa en ella, en que estará haciendo en ese mismo instante, y se la imagina feliz, en una casa con jardín como la que había imaginado tantas veces, con un marido ejemplar, y una niña preciosa con su mirada, y su pelo rubio, y sus… y como si de un tsunami se tratará, siente como algo dentro de él se ha inundado y se ha movido. Llevaba tanto tiempo bloqueando sus recuerdos, sus sentimientos, su pasado,… que si no fuese por qué seguía vivo, él estaría seguro de que su corazón ya no latía. Lo que él no sabía, es que hay mucha diferencia entre seguir vivo, y VIVIR. Y que el destino, esta a su favor, y que tal vez pueda recuperar aquello que le hizo vivir una vez, pero para eso, debía dejar a un lado, su miedo y su cobardía, y empezar a luchar por ÉL, por ELLA, por NOSOTROS.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario